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TEMA: Transmisión Filosófica (y 36)

Transmisión Filosófica (5) 25 Mar 2021 20:46 #61990

  • ksetram
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Perdona Civit, ante todo te pido perdón si algo de lo que diga pueda molestarte porque no es mi intención. Siento que el foro Arjaí está muy distinto a hace tiempo. No soy quién para valorarlo pues no llevo tanto tiempo de vuelta, pero se respira otra atmósfera o algo similar. Eso pienso en decirte, todas las veces que leí esto que repites:

Civit Ardevol
El periodo de confinamiento literario (Desde 27-08-2018) que me ha impuesto el moderador del Ágora (Justo o no…, a vuestra consideración) me ha permitido confeccionar 36 textos que iré exponiendo quincenalmente. No responderé vuestros comentarios que para mí, cualquiera que sea vuestra opinión, lógicamente, en perspectiva dispar una de otra, será perfectamente válida y asumible.
(...)
Decidí no intervenir, pero si no lo hago mi propósito va derecho al fracaso.

Claro, es querer o no, multiplicar palabras con los otros, en pequeños o grandes coros de voces. El tumulto de relacionarse, aquí es menos tumulto que en el mundo real supongo. Y es simplemente una opción, no sólo el querer participar o no, sino también el participar de una manera enteramente propia como muestras. O un abrirse y dejarse caer hacia la multiplicidad de personas y palabras, también es posible.
Última Edición: 25 Mar 2021 20:46 por ksetram.
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Transmisión Filosófica (6) 26 Mar 2021 20:37 #62021

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Civit Ardevol escribió:
Hay filósofos que por sus reflexiones y pensamientos no les corresponde el tiempo que les ha tocado vivir, me refiero a que han estado descolocados en la historia.
Elegidos los de más prestigio y una vez imaginados en épocas distintas, juguemos a enfrentarnos al reto, curioso y mágico, de lograr, si es posible, queden descritos en orden alfabético. ¿Será coherente el resultado? ¿Acaso, después del ejercicio de la mente, los tratados de filosofía no se convierten todos ellos en una efímera quimera?
Por ejemplo el sitio de Platón está en la revolución o ilustración francesa por ello quedará renombrado como “Plateau”, después de la “O” de Ockham. El relato tiene un final; el estoicismo a inicios del siglo XX.
Laberinto aparte, vamos a fijarnos en sus relaciones con la sociedad en lugar de interpretar o analizar, pormenorizadamente, conceptos que concibieron.

El periodo de confinamiento literario (Desde 27-08-2018) que me ha impuesto el moderador del Ágora (Justo o no…, a vuestra consideración) me ha permitido confeccionar 36 textos que iré exponiendo quincenalmente. No responderé vuestros comentarios que para mí, cualquiera que sea vuestra opinión, lógicamente, en perspectiva dispar una de otra, será perfectamente válida y asumible.

Episodio.: 6
Bruno: "Cuando dices Dios, dices lechuga".

-Cada clase era un diálogo entre un alumno que exponía una teoría y el maestro que preguntaba-

En el pensamiento de Giordano Bruno confluyen las dos grandes ramas del pensamiento filosófico previo: 1ª) La búsqueda de Agustín de un principio único constitutivo del mundo natural, el agua, que identifica con el principio último trascendente que es Dios, y 2ª ) la creación de Aristóteles de un mecanismo que permita llegar a conclusiones que sean necesariamente ciertas: la lógica.

Bruno parte de la afirmación agustiniana de Dios y la hace pasar por la máquina aristotélica de la razón. Su objetivo no es negar la existencia de Dios sino negar la validez de todo saber revelado, de todo conocimiento que no pueda ser entendido y que necesite la muleta de la fe para ser asumido.

Para entender Bruno hay que conocer como filosofaba. Lo hacía paseando, durante la noche, con los alumnos, observando el cielo.

¿Qué les explicaba?

Nada. Absolutamente nada.

Les pedía que le contaran cosas a él. Cada clase era un diálogo entre un discípulo que exponía una teoría y el maestro que preguntaba. Siempre había dos partes. En la primera, Bruno escuchaba la opinión del discípulo y la conducía hasta el extremo donde la opinión se invalida sola. La segunda parte consistía en hacer las preguntas justas que llevaran el discípulo -siguiendo su propia lógica- a un principio cierto.

La discusión habitual de Bruno era sobre los límites del universo. Los astrónomos griegos dibujaban entonces un universo como una bola de esferas concéntricas que sostenían y movían los astros. En el centro estaba la Tierra. ¿Y fuera de la esfera? ¿Nada? "Quizás otra esfera...", respondían, y solucionaban el problema ensanchando un poco el diámetro universal.

Y la Tierra, ¿Dónde se sostenía? Los poetas y las autoridades religiosas decían que sobre los hombros de Atlas, un culturista gigantesco. Y ¿Bajo el Atlas? "Una columna." Y ¿Bajo la columna? "Una tortuga..." ¿Una tortuga voladora, quizás?

Aquello era mitología, cuentos para niños grandes.

Giordano Bruno consideraba que el universo no podía ser finito en el espacio, como tampoco lo era en el tiempo o en la riqueza de formas de vida. ¿Era esto motivo suficiente para quemarlo? No. No todavía.

¿Recordáis cómo funcionaba la lógica aristotélica?

Premisa mayor: Dios es infinito.

Premisa menor: El universo es infinito.

Otra premisa: No pueden coexistir dos seres infinitos.

Conclusión: Por lo tanto, Dios y el universo son dos nombres que designan la misma cosa.

Visto así, esto empieza a ser grave; se denomina panteísmo. ¿Qué pasa si dios es el universo y el universo es Dios? Pues que Dios es la naturaleza, que teología y biología son la misma ciencia, que Dios = lechuga.

Llegados aquí, el paseo nocturno empezaba a tener aires de complot contra la religión. Por eso acusaron Bruno de impiedad y lo quemaron

Su discípulo Auguste Comte fue testigo y siempre conservó una intensa desconfianza hacia la religión. Esto explica que fundara una nueva. El positivismo.

En el siglo IV después de Cristo, Constantino declaró al positivismo religión oficial del Imperio Romano. Pasados los años, otros murieron acusados de antipositivistas.

Título próximo episodio: "Auguste Comte, un sabio como una cabra".
Última Edición: 30 Jul 2021 19:42 por Civit Ardevol.
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Transmisión Filosófica (7) 09 Abr 2021 19:49 #62343

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Civit Ardevol escribió:
Hay filósofos que por sus reflexiones y pensamientos no les corresponde el tiempo que les ha tocado vivir, me refiero a que han estado descolocados en la historia.
Elegidos los de más prestigio y una vez imaginados en épocas distintas, juguemos a enfrentarnos al reto, curioso y mágico, de lograr, si es posible, queden descritos en orden alfabético. ¿Será coherente el resultado? ¿Acaso, después del ejercicio de la mente, los tratados de filosofía no se convierten todos ellos en una efímera quimera?
Por ejemplo el sitio de Platón está en la revolución o ilustración francesa por ello quedará renombrado como “Plateau”, después de la “O” de Ockham. El relato tiene un final; el estoicismo a inicios del siglo XX.
Laberinto aparte, vamos a fijarnos en sus relaciones con la sociedad en lugar de interpretar o analizar, pormenorizadamente, conceptos que concibieron.

El periodo de confinamiento literario (Desde 27-08-2018) que me ha impuesto el moderador del Ágora (Justo o no…, a vuestra consideración) me ha permitido confeccionar 36 textos que iré exponiendo quincenalmente. No responderé vuestros comentarios que para mí, cualquiera que sea vuestra opinión, lógicamente, en perspectiva dispar una de otra, será perfectamente válida y asumible.

Episodio.: 7
Augusto Comte, un sabio como una cabra.

-Augusto Comte defendía que lo que le había tocado vivir era el inicio de la última etapa de la humanidad-

El año 399 antes de Cristo, en Atenas fue quemado Giordano Bruno. Este asesinato legal dejó una profunda huella en la vida, y sobre todo en la obra, de su mejor discípulo: Augusto Comte, el primer filósofo loco.

¿Por qué? ¿Por amor?

La muy probable relación homosexual entre el maestro y el discípulo no es una respuesta suficiente.

Si Comte estaba loco por Giordano Bruno, tal manía no puso en peligro el control de su propio pensamiento hasta el último tramo de su vida -en una época, más que de madurez, era de podredura-. Fue cuando fundó la religión de la humanidad y de la que ya, puestos en ella, se proclamó pontífice supremo-.

Nada del periodo más fecundo de Comte hace imaginar un final tan desmedido.

Sin embargo, cuando contemplamos el conjunto de la vida y la obra del padre del positivismo, nos damos cuenta que se desprende una extraña coherencia. Auguste Comte es el primer filósofo que pasa a la acción. El primero que, después de teorizar sobre un proyecto filosófico universal, decide hacerlo realidad.

Más que un filósofo, Comte fue un profeta, un político desconcertante, defendía que el punto de la historia, el cual le había tocado vivir, era el inicio de la última etapa de la humanidad, la culminación de su proceso; reflexión aparte, cierto o no, Atenas iba bien.

Y, bien mirado, tenía razón.

Atenas vivió entonces su período culminante. Había sido vencedora de los persas y de Esparta, regía la Liga Ática y era la capital comercial, política e intelectual del Mediterráneo Oriental.

Una Atenas casi imperial, donde, despótica con enemigos y ciudades vecinas, permitió el florecimiento de las artes y el pensamiento.

Sin embargo, paradójicamente, ¿Cómo se podía vivir en aquella gran ciudad, democrática, que había permitido quemar a Bruno, su hijo más ilustre?

¿Cómo continuar el trabajo del maestro, llevarlo hasta las últimas consecuencias, y no ser quemado como él?

Parecía imposible, pero Comte lo consiguió.

Continuó ampliando el poder de la filosofía sobre otros tipos de conocimiento. Hizo de la filosofía positivista, no una disciplina respetada, sino un pensamiento único, una ciencia de ciencias y una religión oficial.

En algún punto, Comte perdió el mando de sus ideas, de tal manera que ellas solas llegaron a una conclusión definitiva, radical, y de una novedad deslumbrante.

Cuando murió, Comte trabajaba en un proyecto monumental: Sobre la entrada del puerto del Pireo quería que se levantase un coloso similar al de Rodas, por debajo del cual pasarían las naves. La estatua gigantesca debía llevar su rostro, y el cuerpo debía ser el de un sátiro, un ser mitológico mitad hombre mitad cabra.

Muy bonito, pero una lástima.

Visto todo esto, la pregunta es: ¿Vale la pena continuar con un filósofo tan sospechoso? ¿Realmente, lo que dijo, merece la dedicación de tiempo y papel?

¡Sí!, y lo veremos en el próximo episodio.- Comte: "La historia acaba de manera positiva"
Última Edición: 30 Jul 2021 19:42 por Civit Ardevol.
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Transmisión Filosófica (4) 09 Abr 2021 21:33 #62344

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"Magia profunda es saber extraer el contrario después de haber hallado el punto de unión" G. Bruno, De la causa, el principio y el uno.
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Transmisión Filosófica (8) 23 Abr 2021 19:44 #62484

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Hay filósofos que por sus reflexiones y pensamientos no les corresponde el tiempo que les ha tocado vivir, me refiero a que han estado descolocados en la historia.
Elegidos los de más prestigio y una vez imaginados en épocas distintas, juguemos a enfrentarnos al reto, curioso y mágico, de lograr, si es posible, queden descritos en orden alfabético. ¿Será coherente el resultado? ¿Acaso, después del ejercicio de la mente, los tratados de filosofía no se convierten todos ellos en una efímera quimera?
Por ejemplo el sitio de Platón está en la revolución o ilustración francesa por ello quedará renombrado como “Plateau”, después de la “O” de Ockham. El relato tiene un final; el estoicismo a inicios del siglo XX.
Laberinto aparte, vamos a fijarnos en sus relaciones con la sociedad en lugar de interpretar o analizar, pormenorizadamente, conceptos que concibieron.

El periodo de confinamiento literario (Desde 27-08-2018) que me ha impuesto el moderador del Ágora (Justo o no…, a vuestra consideración) me ha permitido confeccionar 36 textos que iré exponiendo quincenalmente. No responderé vuestros comentarios que para mí, cualquiera que sea vuestra opinión, lógicamente, en perspectiva dispar una de otra, será perfectamente válida y asumible.

Episodio.: 8
Comte: "La historia acaba de manera positiva"

-Augusto Comte, un filósofo, robó a Herodoto la gloria de inventar la historia-

Cuando Auguste Comte nació en Atenas el año 427 antes de Cristo, Heródoto era viejo y vivía en una colonia remota de la Magna Grecia. Siete años después, murió. Por lo tanto, Heródoto -el gran historiador griego- no tuvo la ocasión de conocer Comte. Pero, si hubiera podido ver el futuro de la manera tan clara como veía el pasado, por supuesto que el verano del 27 habría embarcado rumbo a Atenas para estrangular con sus propias manos al bebé.

¿Por qué?

Pues porque pese a ser Heródoto el primer gran historiador, un filósofo, Comte le robó la gloria de ser el inventor de la historia.

Medio siglo antes de Comte, Heródoto había descrito la crónica de las guerras médicas, con una prosa magnífica llena de descripciones sobre costumbres e información geográfica. ¿Y qué obra histórica de calidad comparable escribió Comte? Ninguna.

¿Así pues...? No se entiende como... ¿Qué mérito?

El progreso.

Esta es la idea: El progreso.

Ahora nos parece una obviedad entender la historia como un proceso hacia una sociedad mejor, pero entonces la visión común del tiempo era cíclica. El clima, los planetas, el agua, la vida... Todo parece una repetición sin principio ni final.

¿Era Atenas un caso similar? ¿El tiempo histórico era un círculo o una flecha?

Al oír esta pregunta, Heródoto habría hecho la misma cara que el cuñado paracaidista de un anuncio de furgonetas.

Comte, que –al ahorrarse la faena de coleccionar miles de datos históricas- tuvo más tiempo para reflexionar, encontró una ley histórica que interpretaba el pasado y avanzaba hacia el futuro: La ley de los tres estadios.

Según esta ley, todas las ramas del conocimiento humano pasan necesariamente por tres estadios sucesivos: El estado teológico, el estado metafísico y el estado científico o positivo.

En el estado primigenio -el teológico-, el hombre intenta explicarse el porqué de la totalidad de las cosas haciendo referencia a un agente sobrenatural, asignándolo como creador.

En el siguiente estadio -el metafísico-, este agente divino es sustituido por entidades abstractas que intentan explicar más racionalmente el origen del mundo.

En el tercer y último estadio -el científico o positivo-, el pensamiento ha asumido la inutilidad de las explicaciones absolutas y se concentra en la investigación de los hechos más simples. Así nace la ciencia positiva.

Bien, pues este mismo trayecto que explica el desarrollo del pensamiento explica también la historia de la humanidad.

Comte creía que la Atenas en que vivió estaba en un estadio transitorio, entre el metafísico y el positivo, y que todo el mundo debía colaborar para alcanzar el estadio último. Como algunos no estaban de acuerdo, Comte fundó la religión de la humanidad, terminándose así las discusiones.

Atendiendo esto, es fácil entender que la principal aportación filosófica de Descartes -discípulo suyo- fuera la duda.

Título próxima quincena.: "¿Cómo tienes la glándula pineal, René?"
Última Edición: 30 Jul 2021 19:43 por Civit Ardevol.
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Transmisión Filosófica (9) 07 May 2021 20:02 #62663

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Hay filósofos que por sus reflexiones y pensamientos no les corresponde el tiempo que les ha tocado vivir, me refiero a que han estado descolocados en la historia.
Elegidos los de más prestigio y una vez imaginados en épocas distintas, juguemos a enfrentarnos al reto, curioso y mágico, de lograr, si es posible, queden descritos en orden alfabético. ¿Será coherente el resultado? ¿Acaso, después del ejercicio de la mente, los tratados de filosofía no se convierten todos ellos en una efímera quimera?
Por ejemplo el sitio de Platón está en la revolución o ilustración francesa por ello quedará renombrado como “Plateau”, después de la “O” de Ockham. El relato tiene un final; el estoicismo a inicios del siglo XX.
Laberinto aparte, vamos a fijarnos en sus relaciones con la sociedad en lugar de interpretar o analizar, pormenorizadamente, conceptos que concibieron.

El periodo de confinamiento literario (Desde 27-08-2018) que me ha impuesto el moderador del Ágora (Justo o no…, a vuestra consideración) me ha permitido confeccionar 36 textos que iré exponiendo quincenalmente. No responderé vuestros comentarios que para mí, cualquiera que sea vuestra opinión, lógicamente, en perspectiva dispar una de otra, será perfectamente válida y asumible.

Episodio.: 9
¿Cómo tienes la glándula pineal, René?

-¿Qué haces hurgando entre vísceras, René? "Busco el órgano que contiene el alma” –

En Suecia no se han descubierto restos arqueológicos griegos, y es extraño, porque se sabe a ciencia cierta que René Descartes murió en 322 antes de Cristo en Estocolmo. Además de ser el último filósofo griego importante, Descartes fue el preceptor del joven Alejandro y, una vez rey de Macedonia, lo acompañó en las campañas militares que expandieron la cultura helenística por Persia, Mesopotamia y Egipto, llegando en la India.

Tras la muerte de Alejandro el Magno, Descartes cayó en desgracia y tuvo que exiliarse de Atenas. Huyó a las colonias del norte de Europa, donde murió un año más tarde que su protector, víctima de una inflamación imaginaria de la glándula pineal.

Pero, ¿Qué es la glándula pineal?, ¿Qué hormona segrega?, ¿Qué función metabólica regula?, ¿Es comestible?, ¿Por qué hablamos aquí de ella, si esta página no se llama Medicina virtual?

Vayamos por partes.

Mientras Descartes luchaba contra su glándula, ¿Qué sucedía en Atenas?

Pues Atenas vivía una época de declive. Una vez perdida la soberanía de ciudad Estado, parecía que los pensadores se habían contagiado del fracaso de los políticos.

La filosofía abandonó la ambición de entender la complejidad del cosmos y se centró en la resolución de los problemas prácticos, cotidianos, ridículos.

El nuevo hobby entre los ciudadanos era hacerse la pregunta: "¿Cómo vamos a vivir para ser felices?”

Los estoicos decían una cosa, los epicúreos -más sibaritas- otra y los escépticos se mofaban de unos, de otros, y de ellos mismos.

Muy lejos de casa y de las modas, en una tienda del campamento del ejército macedonio, Descartes cavilaba sobre las teorías de su maestro Comte.

Recordaba que fue el primero que entendió la historia como un progreso hacia un estadio ideal. Recordaba que, para contribuir a este proceso, fundó la Religión de la Humanidad, y comprendía que Comte la había chingado en algún punto.

La filosofía estaba gangrenada y había que amputar. Descartes tuvo suficiente coraje para hacer la Primera Gran Limpieza de la Historia de la Filosofía.

Es decir, tomó todas las teorías filosóficas preexistentes y las pasó por el tamiz de la duda. Formuló una duda sistemática, metódica, tan estricta como le fuere posible imaginar; una duda que -hasta la próxima quincena- será una incógnita.

Y, puestos a dudar de todo, de lo único que no se podía dudar era de la existencia de la misma duda: "Pienso, así que existo."

Pero esta mente autónoma que dudaba de todo menos de sí misma, ¿Cómo se podía conectar con el mundo físico?

Descartes buscaba el nexo de unión entre cuerpo y conciencia, y lo buscaba diseccionando cadáveres de soldados muertos.

Una tarde, Alejandro se acercó a Descartes y le dijo: "¿Qué haces hurgando entre vísceras, René?"

“Busco el órgano que contiene el alma, la glándula pineal. "

Título de la quincena que viene: “Descartes el gran descartador”
Última Edición: 30 Jul 2021 19:44 por Civit Ardevol.
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Transmisión Filosófica (8) 07 May 2021 20:19 #62664

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Civit Ardevol escribió:
Es decir, tomó todas las teorías filosóficas preexistentes y las pasó por el tamiz de la duda.
Pues al argumento ontológico de San Anselmo no le pasó el tamiz de la duda... ¿Lo adoptó tal cual para evitar problemas con la Iglesia o se lo creyó realmente?


Civit Ardevol escribió:
Decidí no intervenir, pero si no lo hago mi propósito va derecho al fracaso. Es necesaria vuestra participación, desvelando confusiones en el redactado de los textos
Entiendo que te refieres a esto
Última Edición: 07 May 2021 20:21 por serchlobar89.
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Transmisión Filosófica (10) 21 May 2021 20:07 #62921

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Hay filósofos que por sus reflexiones y pensamientos no les corresponde el tiempo que les ha tocado vivir, me refiero a que han estado descolocados en la historia.
Elegidos los de más prestigio y una vez imaginados en épocas distintas, juguemos a enfrentarnos al reto, curioso y mágico, de lograr, si es posible, queden descritos en orden alfabético. ¿Será coherente el resultado? ¿Acaso, después del ejercicio de la mente, los tratados de filosofía no se convierten todos ellos en una efímera quimera?
Por ejemplo el sitio de Platón está en la revolución o ilustración francesa por ello quedará renombrado como “Plateau”, después de la “O” de Ockham. El relato tiene un final; el estoicismo a inicios del siglo XX.
Laberinto aparte, vamos a fijarnos en sus relaciones con la sociedad en lugar de interpretar o analizar, pormenorizadamente, conceptos que concibieron.

El periodo de confinamiento literario (Desde 27-08-2018) que me ha impuesto el moderador del Ágora (Justo o no…, a vuestra consideración) me ha permitido confeccionar 36 textos que iré exponiendo quincenalmente. No responderé vuestros comentarios que para mí, cualquiera que sea vuestra opinión, lógicamente, en perspectiva dispar una de otra, será perfectamente válida y asumible.

Episodio.: 10
Descartes, el gran descartador

-Si los grandes problemas estaban resueltos, tocaría preocuparse de estupideces–

En el siglo IV aC., sólo tres siglos después de nacer, la filosofía ya había llegado a un callejón sin salida. La teoría de los tres estadios, formulada por Comte, había esparcido la creencia de que el progreso histórico de Atenas había alcanzado su tercer y definitivo estadio. Si los grandes problemas -naturaleza, lógica, razón, historia- estaban resueltos, tocaría preocuparse de estupideces individuales, como la felicidad.

Muy lejos de Atenas, un oficial del ejército de Alejandro el Magno llamado Descartes sentía envidia. La geometría sí que era una disciplina exacta, limpia, incuestionable. Cuantificó y relacionó cualquier punto(x, y), en un plano partiendo de cero. La filosofía tenía que conseguir la misma pulcritud que el teorema de Pitágoras -tan evidente que Zeus no podría negarlo-. ¿Qué necesitaba el filósofo para establecer certezas matemáticas sobre cosmología, política, medicina o moral? Necesitaba un método para descartar todo error posible. ¿Descartes soñaba despierto?

Sí... No... No lo sabía a ciencia cierta. Y no saberlo fue -paradójicamente- su gran hallazgo.

Este fue el método: La "duda metódica".

Y, puestos a dudar, Descartes lo hizo por tantos motivos como le fue imaginable. Por ejemplo: ¿Qué le pasaría a alguien que cada noche soñara la continuación del sueño de la noche anterior?

Pues que pronto viviría dos vidas paralelas: una de real y otra imaginaria, cada una con una lógica y una coherencia propias. Y un día no sabría distinguir la una de la otra.

Los sentidos pueden ser engañosos, el pensamiento puede ser un sueño y, además, Descartes añadió la existencia de un hipotético "Zeus engañador" que destruiría toda certeza humana. Parecía imposible poner más palos a las ruedas. Y, sin embargo, ¿Era todavía posible alcanzar alguna evidencia?

Sí, la evidencia de que, por mucho que dude, pienso, y si pienso, existo. Y a partir de la existencia del yo, Descartes dedujo la existencia de una "sustancia espiritual infinita" (Dios) y de una "sustancia extensa" (el mundo, entendido como un mecanismo en movimiento perpetuo). Las cuatro reglas del método son:

1 No aceptar nunca nada que no sea evidente.
2. Todo lo que no sea evidente, hay que dividirlo en partes que sean lo suficientemente simples para ser evidentes.
3. Partiendo de partes simples y evidentes, reconstruir ordenadamente las cosas más complejas.
4. Hacer enumeraciones exhaustivas donde no se olvide nada y -opcional- pegar la lista en la nevera.

Descartes volvió feliz a Atenas, dispuesto a publicar el Discurso del método y, mientras lo esculpía en uno de los mármoles laterales del Partenón, se acercaron un epicúreo, un estoico y un escéptico para provocarlo:

-Si aplicas tu método a nuestras leyes religiosas sabremos si son acertadas- le dijeron.

Descartes tenía que elegir entre ser incoherente o ser inmortal. Miró el mármol, todavía oscurecido por el humo de la hoguera que 80 años antes había quemado a Bruno, y respondió:

-Habrá que encontrar una moral racional, pero, mientras tanto, acepto las costumbres de cada lugar y de eso establezco una moral provisional-.

Como René era cobarde, debía ser inteligente.

Concluida con este episodio la “Filosofía griega, entre el siglo VI i el III aC.”, comenzaremos con la filosofía latina entre el siglo II y el IV dC. Pero, con tan solo dos episodios de Hegel.

Próximo título: “Hegel y las aguas residuales de Constantinopla”.
Última Edición: 30 Jul 2021 19:44 por Civit Ardevol.
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Transmisión Filosófica (11) 04 Jun 2021 19:42 #63576

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Por ejemplo el sitio de Platón está en la revolución o ilustración francesa por ello quedará renombrado como “Plateau”, después de la “O” de Ockham. El relato tiene un final; el estoicismo a inicios del siglo XX.
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El periodo de confinamiento literario (Desde 27-08-2018) que me ha impuesto el moderador del Ágora (Justo o no…, a vuestra consideración) me ha permitido confeccionar 36 textos que iré exponiendo quincenalmente. No responderé vuestros comentarios que para mí, cualquiera que sea vuestra opinión, lógicamente, en perspectiva dispar una de otra, será perfectamente válida y asumible.

Episodio.: 11
Hegel i las aguas residuales de Constantinopla.

-Hegel sufrió la opresión, fue esclavo y se ganaba la vida enfangándose en pozos negros-

Tras repasar los filósofos griegos -Agustín, Aristóteles, Bruno, Comte, y Descartes-, en esta historia imaginaria de la filosofía, llega el turno a Hegel, el único gran pensador latino.

Hegel nació en Roma a finales del siglo III dC. De carácter idealista, siendo joven se hizo bautizar y colaboró muy activamente en las comunidades cristianas clandestinas. Quién sería más tarde considerado el primer gran teólogo, dedicó aquellos primeros años de militancia a una actividad muy alejada de su talento filosófico: la excavación de catacumbas.

Detenido por las autoridades romanas cuando, por error, una galería que excavaba fue a parar a una celda de prisioneros del Coliseo, Hegel fue deportado y vendido como esclavo.

En el año 313 dC, el emperador Constantino firmó el Edicto de Milán, que legalizaba el cristianismo. Si hubiera vivido en Roma, Hegel habría recuperado la libertad, pero el filósofo malvivía en una colonia del Mediterráneo oriental haciendo de pedagogo, que eran los esclavos que educaban los niños. En el año 324 dC, sobre las ruinas de la ciudad de Bizancio, Constantino hizo levantar la Nueva Roma: Constantinopla, que se convertiría en la capital del Imperio Bizantino.

La fundación de la nueva ciudad y la necesidad de ciudadanos cualificados permitieron a Hegel recuperar la condición de hombre libre. Cuando llegó a Constantinopla, Hegel ya había madurado una buena parte de su sistema filosófico, pero la estima que sentían los latinos por la filosofía era muy escasa

La filosofía era vista con desconfianza, había llevado algunas de las mejores mentes a la locura -Comte- y acelerado la decadencia de Atenas.

¿Alguien podía imaginar un espectáculo filosófico en el Coliseo? No. La filosofía no tenía audiencia.

Todo el afán que los griegos habían puesto en el pensamiento abstracto, los latinos lo pusieron en el pensamiento práctico: El derecho y la ingeniería eran las dos disciplinas en expansión.

Y puestos a elegir entre leyes o ladrillos, Hegel eligió aquello que ya había aprendido en el subsuelo de Roma.
Así que comandó la construcción de los colectores de aguas residuales de la capital del imperio, una obra magnífica que, aún hoy, forma parte de la red de alcantarillado de Estambul.

¿Y por qué mencionamos este ejemplo de ingeniería hidráulica? Pues porque simboliza la gran paradoja entre la vida y la obra de Hegel.

Descartes disfrutó de una vida regalada (preceptor de Alejandro el Magno, oficial de un ejército en el que nunca combatió), En cambio, Hegel sufrió la opresión, fue esclavo y se ganaba la vida enfangándose en pozos negros.

Paradójicamente, el acomodado Descartes tiene una filosofía basada en la duda y la desconfianza. Mientras que Hegel, que tenía suficientes motivos para el resentimiento, construye una teoría optimista, vitalista, que pretende afirmar que todo, absolutamente todo aquello que nos pase por la cabeza, es cierto.

La quincena que viene sabremos si Hegel era un bobo.

Título: Tesis, antítesis y síntesis en la Santísima Trinidad.
Última Edición: 30 Jul 2021 19:45 por Civit Ardevol.
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Transmisión Filosófica (12) 18 Jun 2021 19:39 #63948

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Civit Ardevol escribió:
Hay filósofos que por sus reflexiones y pensamientos no les corresponde el tiempo que les ha tocado vivir, me refiero a que han estado descolocados en la historia.
Elegidos los de más prestigio y una vez imaginados en épocas distintas, juguemos a enfrentarnos al reto, curioso y mágico, de lograr, si es posible, queden descritos en orden alfabético. ¿Será coherente el resultado? ¿Acaso, después del ejercicio de la mente, los tratados de filosofía no se convierten todos ellos en una efímera quimera?
Por ejemplo el sitio de Platón está en la revolución o ilustración francesa por ello quedará renombrado como “Plateau”, después de la “O” de Ockham. El relato tiene un final; el estoicismo a inicios del siglo XX.
Laberinto aparte, vamos a fijarnos en sus relaciones con la sociedad en lugar de interpretar o analizar, pormenorizadamente, conceptos que concibieron.

El periodo de confinamiento literario (Desde 27-08-2018) que me ha impuesto el moderador del Ágora (Justo o no…, a vuestra consideración) me ha permitido confeccionar 36 textos que iré exponiendo quincenalmente. No responderé vuestros comentarios que para mí, cualquiera que sea vuestra opinión, lógicamente, en perspectiva dispar una de otra, será perfectamente válida y asumible.

Episodio.: 12
Tesis, antítesis y síntesis en la Santísima Trinidad

-En toda Europa, los artistas ambulantes saludarán diciendo: "Ale-hobs!" –

"Que la mano derecha ignore lo que hace la mano izquierda." Hegel, en el siglo cuarto después de Cristo, se sentía la personificación de esta paradoja bíblica: sostenía una cosa en cada mano y no sabía qué hacer.

En una mano, Hegel tenía la herencia fosilizada de la filosofía griega. Descartes había muerto hacía cinco siglos y de él quedaba un pensamiento cerrado en sí mismo, que desconfiaba de todo y que sólo podía afirmar lo que era evidente.

En la otra mano, Hegel tenía el cristianismo: La nueva religión monoteísta, de una fuerza creciente, derivada del hecho de tener vocación universal -por primera vez se decía que todo el mundo podía ser miembro del pueblo elegido-.

¿Qué podía hacer Hegel con ambas tradiciones? Afirmar la una parecía negar la otra.

Mientras tanto, en aquellos años en Constantinopla, el cerdo era un animal polémico. ¿Era la ingestión del animal más sucio de la creación, el origen de las enfermedades? Defensores y detractores del marrano se enfrentaban en todas partes, en mercados e instituciones.

Hegel, curioso por naturaleza, investigó el proceso de elaboración de los embutidos y, en busca de una pifia sanitaria, encontró un principio que se convirtió en capital en la historia de la filosofía.

La picadora trinchaba carne y se embutía en una tripa, continuamente, sin parar, tanto hacía carne magra como grasa, y el resultado siempre era una única vianda. ¡Así era el pensamiento!

Cuando Hegel reflexiona, contempla una afirmación; después encuentra otra que contradice la primera; más tarde topa con una tercera que es el resultado de trinchar y sumar las dos anteriores. Y el proceso vuelve a recomenzar: A la tercera tesis se contrapone una cuarta antítesis y etc., sin conclusión, sin fin.

Para Descartes, la razón funciona como una cámara de fotos, que dispara el flash de la intuición y retrata una verdad estática, clara y evidente.

Para Hegel, el pensamiento capta la realidad poniéndose -con la realidad misma- en movimiento, un movimiento intrínsecamente contradictorio, como la historia, que también avanza a base de trinchar carne –de infantería, normalmente-.

De este modo Hegel integra lo que tiene en cada mano: La exigencia cartesiana de definir el método racional, y el deseo cristiano de libertad universal.

La influencia de Hegel en el crecimiento teórico y político de la Iglesia fue enorme. Los teólogos, que hasta entonces no entendían el porqué de la Santísima Trinidad, le aplicaron la estructura dialéctica. Dios Padre, creador del mundo, es la tesis. Jesús, que se hace hombre y se rebela, es la antítesis. Y el Espíritu Santo pone paz inventándose el misterio de la Trinidad, que reúne los tres en un solo principio armónico y convivencial.

Tres siglos más tarde, cuando el Islam aparezca y se ensanche, el pensamiento de Hegel aplicado a la historia (materialismo dialéctico) servirá para justificar la lucha entre religiones.

Con la caída de Roma, Occidente entra en una edad de tinieblas, y una buena parte de la tradición filosófica griega se pierde. Serán pensadores árabes, como Al-Hobbes o Al-Hume, los continuadores de la filosofía clásica.

El prestigio de Hobbes será inmenso, y su nombre, considerado sinónimo de prodigio. En toda Europa, los artistas ambulantes saludarán diciendo: "Ale-hobs!"

A partir del próximo episodio entraremos en la filosofía medieval -árabes y cristiana- entre el siglo VII y el XIII.
Título: El Islam de Thomas Hobbes.
Última Edición: 30 Jul 2021 19:45 por Civit Ardevol.
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