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TEMA: EL SEMÁFORO: UNA APROXIMACIÓN A LA FILOSOFÍA HELENÍSTICA.

EL SEMÁFORO: UNA APROXIMACIÓN A LA FILOSOFÍA HELENÍSTICA. 02 May 2019 10:23 #49520

  • Mai
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Tres días después de las calendas y un día antes de las nonas lunarias, acontecía la fiesta de inauguración del piso de Pirra, la novia de Pirro. El fatum no tenía previsto un buen día para ella pero, como la bella muchacha desconocía los designios del Todo sobre su guateque, seguía enfrascada en los preparativos. Pirra era la antítesis de Pirro. Mientras que a aquélla -detallista y minuciosa- le gustaban las cosas bien hechas, a éste, le daba igual arre que so.

Los invitados al convite se repartieron en tres coches. El primero en ponerse en marcha fue Crispín que, iba solo porque nadie quería montar con él. La gente le rehuía porque Crispín, era uno de esos resabidos que crispaba hasta al santo Job; a la postre, le traía al pairo lo que los necios pensaran de él. Nada parecía afectarlo.

En el último segundo, Filemón, montó en su coche –en los otros dos, no había sitio para todos- y allá fueron, en dirección a la insulae de Pirra. Dejaron atrás la calle Estopa para girar a la vía del Apio, la avenida principal, y a lo lejos, Crispín, atisbó el semáforo.

Estaba en rojo.

De repente, aquel rojo tan puro, tan excelso, tan sublime, tan rojamente rojo…….…le cegó. Le provocó un éxtasis epiléptico y una fuerza taumatúrgica –la mano de Filemón- le estiró de la coleta obligándole a frenar justo a tiempo, antes de llevarse por delante a una viejecilla y su perrito.
-¡¡Qué subidón!!, ¡¿has sentido esa pedazo aprehensión, File?! -dijo Crispín todo excitado.
-¡¡Por el Logos espermatikós, Cris!!, ¡que yo estoy ya muy viejo pa’ esto! -contestó Filemón todo colérico.

Crispín, ahí parado, todavía cautivado por el color de las grosellas, miró en derredor buscando alguna mirada cómplice. No obtuvo respuesta. <<¡Necios! ¡no comprenden la profundidad que guarda un semáforo en rojo!>> -dijo para sus adentros-.

Diez minutos más tarde, aparecía por la avenida el coche de Carmelo. Dentro iban, Tulio, Auro, El Cordobés y el vecino del sexto derecha –que llevaba en el bolsillo una pócima para Epi-.
Al fondo, el semáforo.

Estaba en rojo.

<<El semáforo tiene pinta de estar en rojo pero, no estoy seguro…>>-pensó el Carmelo-. Echó un vistazo a los coches que circulaban por la avenida y, todos, sin excepción, aminoraban la marcha. <<Bien, bien, parece que estamos ante un rojo vívidamente probable>> -discurrió, de nuevo, sin hacer ademán de parar; antes bien, aceleró.

A bordo, los tripulantes empezaron a inquietarse.
-¡Eh, quillo! vete bajándole que está en rojo - observó El Cordobés.
-¡Eso no se puede saber! ¡necesitamos más indicios probabilísticos! -respondió Carmelo.
-¡Cada vez que vienes a Roma la tienes que liar, macho! –dijo Auro.
-¡Y yo que te creía un flojo! –se admiraba el vecino del sexto.
-No seas majadero y frena, que con la nueva ley de tráfico se te va a caer el pelo, ¡si lo sabré yo!-Tulio.

Carmelo, haciendo caso omiso de los lloros y de los improperios dirigidos a su madre, continuó escudriñando. Observó que había peatones cruzando el paso de cebra:
-¡Voilà!, ¡henos aquí, amigos míos, ante un rojo vívidamente probable y contrastado! -dijo todo ufano. Pero no paraba.

Hubo unos segundos de pánico intenso. El cordobés trataba –con dificultad- de mostrarse impertérrito, Tulio juraba en arameo, Auro rezaba y, el del sexto, todo furibundo, explotó:
-¡Como no pares, Car, te juro por el báculo de Asclepio que te…….…..la viejaaaaaaaaaaaa!
-Alea jacta est.
-¡¡¡Anatemaaaaa!!!
-Siento dejar este mundo sin probar pipas facundo.

Cuando Carmelo vio la cara de alarma de la pobre viejecita –creo que era la misma de antes- y sintió el puñetazo que le propinó el del sexto en toda la faz, por fin, se dio por enterado: <<Sí, definitivamente se trata de un rojo vívidamente probable, contrastado y no desconcertante>>. Y frenó. Sí, a tiempo.

Como veinte minutos más tarde, se avistaba el coche de Pirro a toda pastilla por la avenida. Llegaban tarde. Le acompañaban en el coche Timo, de copiloto –vigilando de cerca a Pirro-, y, los inseparables Epi y Lucas, con Mengano –el único cabal de toda la cuadrilla- , en la parte trasera. En realidad, era el coche de Epi pero, como a éste –que no gozaba de buena salud, el pobre- le dolía los riñones, le dejó conducir a Pirro. A Epi no le apetecía mucho ir al festejo, pero bueno, hubiera hecho cualquier cosa por sus amigos. Era un tío muy raro, de esos que no tienen Facebook ni twitter. Lucas era il suo caro amico. En fin, acullá, al final de la prolongada avenida, estaba el dichoso semáforo.

En rojo.

Pirro vio el semáforo –no sé de qué color- pero no tenía ninguna intención de detenerse porque sólo pensaba en el rapapolvos que le venía encima si osara llegar tarde a la de Pirra.

-Está en rojo, Pir -dijo Lucas respetuoso, pero sin rebozo.
-¡Que a ti te aparezca en rojo, Lucas, no quiere decir que lo esté en realidad! ¡Podría perfectamente tratarse de un verde ensimismado! -replicó Pirro.
-¡Ya estamos otra vez!-dijo Timo.
-A mí también me aparece en rojo, Pir -dijo Mengano.
-¡Es un rojo como un piano, juajuajua!-a Epi le parecía todo divertidísimo.
-¡Callaos ya! ¡condenados autócratas! ¡que ya tengo bastante con el “flipau” de Crispín y el falso de Carmelo! -zanjó el asunto Pirro.
-¿Es este tío daltónico o se le va la olla?-susurró Mengano a Epi.

Epi se tronchaba; parecía que le iba a dar un algo.

<<Al diablo con el semáforo, si llego tarde, Pirra me mata>> pensó Pirro y, mientras lo hacía, pisó –más todavía- el acelerador. Timo se echó las manos a la cabeza, pero no dijo ni pío.

-¡Oh, Júpiter, que lleva la égida!, ¡qué pecado cometí contra vosotros naciendo! ¡ay mísero de mí! -se lamentó Lucas.
-Tranqui, mio caro, que no hay nada que temer. A la caña que vamos, si nos pegamos el ostión, será rápido y, cuando ella está –la muerte-, nosotros ya no estamos, juajuajuajua. ¡Ese Pir!, ¡daleee!- se desternillaba Epi.
-¡¿Se ha fumado toda la hierba de su jardín o qué?! -soltó Mengano señalando a Epi.
-Serán los brebajes que le prepara el del sexto -contestó Lucas.
-Ah, por cierto, Lucas, -dijo Epi- es Zeus.
-¡¿Qué?!
-El de la égida…

FIUMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM

Y Pirro, se lo saltó –menos mal que no había viejecita esta vez-.

Los únicos que llegaron puntuales al convite fueron Crispín –cómo no- y Filemón. Diez minutos después, llegó el coche de Carmelo. Los últimos en presentarse fueron, Pirro, que fumaba en pipa, Mengano y Lucas, todavía en shock, Epi, llorando de la risa y, Timo, aún más cabreado, porque fue él quien tuvo que lidiar con el agente de tráfico que los paró –como siempre, sacándole las castañas del fuego a Pirro-. Timo, con su mejor dialéctica, trató de convencer al agente de que no había ninguna razón para creer que el semáforo estaba en rojo más que en verde. El agente que, terminó perdiendo los papeles con Timo, le puso doble multa. No llegaron a las manos porque Pirro tenía prisa por salir de allí. Total, que al final, llegaron tardísimo y la bronca le cayó igual igual.

-Oye, Tulio, ¿no conocerás, por casualidad, algún subterfugio para librarte de pagar una multa?juajuajuajua...

Moraleja: nunca le dejes las llaves del coche a un escéptico radical.
Última Edición: 03 May 2019 10:16 por Mai.
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